sábado, 18 de mayo de 2019

Sangre de mi sangre


Ayer hablé con mi primo, a quien admiro muchísimo y a quien le tengo muchísima estima. Resumidamente, nos pusimos al día y él aprovechó para hacerme un speech motivacional. Me sorprendió gratamente, ya que gracias a sus palabras recibí una buena dosis de motivación para continuar a tope con mis proyectos personales. 
Sus palabras estaban llenas de positivismo y si su propósito era inspirarme sin duda lo consiguió. 

No fue el qué sino el cómo me lo dijo, ya que pude darme cuenta de su fuerte autoestima y de su determinación, cualidades de las cuales carecía hace unos años...

Antaño, durante su peor época, me vi obligado a sentarme con él y ejercer de hermano mayor; necesitaba urgentemente tener una charla que le ayudara a abrir los ojos. Un día quedamos y yo supe motivarle, hacerle ver que no estaba yendo por el camino correcto y que tan solo tenía visualizar su propio camino y esforzarse un poco más. Así lo hizo, y sinceramente, creo que mejor no pudo haber ido.

Pasado un tiempo, la historia se repite, pero esta vez al revés. Y es especialmente bonito recibir cariño sin pedirlo de alguien a quien en su día ayudaste de igual manera. 

Mi primo fue un muy mal estudiante, pésimo; suspendió más de la mitad de las asignaturas en bachillerato y estaba a un paso de rendirse para tirarse todos los días jugando al ordenador y viendo su vida pasar. Pero hoy en día él es un hombre hecho a si mismo, con una ingeniería, y que no duda en inspirar a sus amigos y a sus familiares cuando considera que tiene que hacerlo. Todo esto para mi no tiene precio y es una bendición haber formado parte del inicio de un cambio tan importante en él.

Primo, sangre de mi sangre, eres un ejemplo para mi. Te quiero.

sábado, 27 de abril de 2019

Cada vez más conectados pero menos comunicados


Recuerdo con cierta añoranza cómo hace 10 años veía a mis amigos casi todos los días, y los días que no les veía nos llamábamos, tirándonos horas al teléfono, y nos contábamos hasta el más mínimo detalle de cómo había ido nuestra jornada, cómo nos sentíamos y qué haríamos el finde.

Hoy en día, basta con un Whatsapp o un Direct de vez en cuando con un "Todo muy bien, y tu qué tal?" como respuesta, y algún que otro like en RRSS. Es lo más habitual, y de hecho es un comportamiento que nuestra sociedad ya ha normalizado.

Cada día que pasa incrementan las formas de "conectar" con otras personas pero nuestras habilidades para comunicarnos y cuidar de nuestro entorno disminuyen. Y me da mucha pena, porque yo soy una persona a quien le gusta cuidar de su gente, pero no soy un hipócrita y reconozco que también me gusta sentirme estimado y si insisto mucho me canso y llega un momento en el que decido desistir.

Las RRSS se hicieron supuestamente para permitirnos mejorar nuestra comunicación, pero tarde o temprano en una sociedad capitalista todo tiende a prostituirse a favor del interés: la televisión, la radio, la prensa, y ahora las redes sociales. Además, por lo que veo, a la mayoría de personas (o usuarios) les interesa antes su fama o su éxito social con respecto a una masa social que desconocen que cuidar o continuar conociendo a los pocos que realmente vale la pena. Y lo más triste, es que no se dan cuenta de lo que están sacrificando por su propio ego.

En mi opinión, teniendo en cuenta el uso que se les da, Facebook, Instagram, Whatsapp, Tinder, etc. deberían considerarse más bien Redes Antisociales, porque van en contra de la creación de vínculos fuertes entre personas; no son equivalentes a la realidad a la que creo debemos aspirar, sino todo lo contrario.

Por último, pese a mi crítica, no voy en contra de las nuevas tecnologías, para nada; pero creo que no se les da el uso adecuado, y en este caso no depende del sistema (como el resto de medios de comunicación), sino de nosotros mismos.

Ahora reflexiona, ¿Estás cuidando de tus amigos como debes o por el contrario prefieres hacerle caso a gente que nunca vas a llegar a conocer?





sábado, 16 de febrero de 2019

Aprende de la experiencia


Hace tres semanas tuve una entrevista y me cogieron en mi actual trabajo esencialmente gracias a mi experiencia. Sé que esto es lo que ocurre en la mayoría de entrevistas, pero that's not the point, no voy a hablar en términos de RRHH, no es lo mío. A lo que me refiero es que por fin me he dado cuenta de cuan vital es la experiencia para conseguir objetivos y prevenir fracasos.

Hablando en términos dualísticos (no os acostumbréis), considero que hay dos tipos de experiencia: la buena y la mala. Yo hoy hablaré de la que considero mala, porque la experiencia buena tampoco tiene mucho misterio; todos guardamos en nuestro cerebro momentos buenos que recordar. Pero estos no nos sirven para evolucionar, o no tanto. 

La experiencia mala bien digerida, sin embargo, te ayuda por ejemplo a:

- Ser más resolutivo
- Ser más positivo
- Saber escuchar
- Saber hablar cuando toca
- Ser más empático
- Ser un líder

Pero lo más importante que esta te da es lo que en su día te quitó: tiempo de valor. 

Quién no estuvo más enamorado de la cuenta? Quién no le habló mal a sus padres? Quién no supo perdonar? Quién no quiso intentarlo? Quién no eligió mal?... Todos perdimos tiempo cometiendo estos errores, y lo más seguro es que los sigamos cometiendo de vez en cuando, pero cada vez menos.

Si hacemos uso de nuestra experiencia mala, el recuerdo nos dirá: <<Ya has pasado por aquí, dont worry>> o <<Házlo>>, y de esta forma evitará que volvamos a cagarla y sobre todo permitirá que mejoremos más rápidamente.


Por último, una frase que puede servirte como consejo:

<<La única diferencia entre quien se limitó a vivir y quien vivió su vida buscando sus límites es que el segundo se atrevió a equivocarse.>>

Por tanto, la clave está en hacer, errar y aprender. Sino, menudo aburrimiento de vida.

domingo, 2 de diciembre de 2018

Fe y paciencia. El deporte como ejemplo


De nuevo la vida me da una lección.

Llevaba unas semanas que no estaba siendo yo mismo en plenitud: con el paso de los días estaba perdiendo la paciencia y la pasión hacia algunos de mis proyectos a largo plazo, tampoco estaba teniendo una charla interna positiva, e incluso en ocasiones permitía que la tristeza y la melancolía se apoderaran fuertemente de mi. Lógicamente, todos sabemos que este tipo de situaciones prolongadas en el tiempo derivan en un estado de falta de confianza en uno mismo, cosa que nadie desea. Mi caso no era distinto, así que necesitaba recuperar la motivación y el ímpetu con respecto a mis objetivos, algo que siempre me ha caracterizado.

¿Y qué es lo que me hizo recuperar el camino correcto? 

Abrazar de nuevo la fe en mi mismo y la paciencia.

A continuación, me explico.

Cada viernes juego a fútbol sala con mis amigos en una liga bastante competida y debido a mi mermada confianza no estaba jugando ni como debía ni como quería, lo cual me hacía sentir doblemente responsable de las derrotas y de los empates. Tenía que hacer algo cuanto antes.

Entonces, el viernes pasado nos tocó jugar contra los segundos; y lógicamente yendo nosotros terceros necesitábamos ganar sí o sí para superarles en la clasificación y seguir cerca de los líderes. Asimismo, teníamos bajas importantes, lo cual hizo darme cuenta de que tenía una oportunidad única para redimirme de mi mal juego en los últimos partidos y sobre todo para recuperar la actitud correcta que había abandonado hacía semanas.

Pues bien, me preparé para el partido como si de una batalla de guerra se tratara, alimentando la fe en mi mismo como nunca antes había hecho. Aquello ya no era un simple partido de fútbol sala, era una oportunidad para reencontrarme con mi verdadero yo. Durante todo ese día no solo me recordé a mi mismo modo mantra cuan importante era ese partido para el equipo y especialmente para mi, sino que de camino a quedar con un amigo mío para dirigirnos hacia el pabellón seleccioné escuchar aquellas canciones que antaño me habían animado para afrontar situaciones complejas en mi vida, como por ejemplo: Better Now, de Post Malone o Till I Collapse, del gran Eminem.

Quizá parezca una tontería, pero el hecho de haber estado todo el día pensando sobre la importancia del partido y haber escuchado parte de la banda sonora de mi vida me sirvió para entrar en un estado de compromiso parecido al que tiene un monje al rezar sus oraciones o un vikingo a la hora de luchar en una batalla. Como consecuencia, realicé un partido impresionante:

Ganamos 2-1: marqué el primer gol, asistí en el segundo; peleé todos los balones como si fueran la última jugada del partido, y además pude hacer los regates y los movimientos que quise hacer en todo momento. Y no solo esto, sino que al llegar a casa tras el partido pude contarle a mis padres cómo había ido, y lo más bonito es que de lo alegre y feliz que estaba por lo sucedido ¡hasta me puse a bailar! La verdad es que hacía tiempo que no me sentía tan realizado y orgulloso de mi mismo.

Esta pequeña historia sobre mi que te acabo de contar es para mi una lección aprendida que sumo a mi experiencia de vida. De ella destaco la importancia tanto de la fe en uno mismo como de la paciencia.
Por una parte destaco la fe porque esta te hace sacar fuerzas imperturbables de dentro de ti mismo cuando nada ni nadie más puede dártelas. Y por otra, destaco la paciencia porque esta es sin duda la mayor de las virtudes: tu momento llegará tarde o temprano siempre y cuando cultives la fe en ti mismo durante el transcurso del camino. 







lunes, 17 de septiembre de 2018

TOC, TOC, ¿Quién es?


Hace aproximadamente 3 años me diagnosticaron el famoso trastorno obsesivo compulsivo, también conocido como TOC, del cual llevo apenas un año curado. Aunque sinceramente creo que nunca dejaré de padecer de vez en cuando algunos de sus síntomas.

Los síntomas que mostraba estaban claros: preocupación, ansiedad, pensamientos nocivos repetitivos, perfeccionismo exagerado y obsesión por algo en concreto; en mi caso, la imagen. 
Solía mirarme en cada espejo de mi casa -hay 6- antes de salir. Incluso también lo hacía a través de la cámara interna del móvil. Era una obsesión desmesurada por gustarme. Y casi nunca lo conseguía.
Pensaba equivocadamente que los demás me valorarían única y exclusivamente por mi imagen.

Creo que mi trastorno fue una consecuencia de arrastrar durante muchos años cual bola de nieve las inseguridades generadas por culpa del bullying, de mis complejos, de mi enfermedad rara (por suerte, es sólo estética), de mis fracasos en los estudios, y por mi sentimiento de culpabilidad por creer haber defraudado a mi familia y a mis amigos. 


Pero hoy ya puedo decir bien alto y orgulloso que mis trastornos no me definen. 
Yo decido quién soy y quién voy a ser mañana.


Durante un tiempo estuve equivocado y mi mente bloqueada. Pero con el paso del tiempo y una larga lucha por salir del pozo de las amarguras conseguí vencer a mi mayor miedo: no ser capaz de quererme.

Ahora creo como nunca creí en mi potencial; y ya no necesito a nadie, excepto yo mismo, que me diga cuanto valgo.

Porque me propuse encontrar trabajo, y lo conseguí.
Porque me propuse echarme mi primera novia, y la encontré.
Porque me propuse sacarme un ciclo superior, y lo aprobé notablemente. 
Porque me propuse encontrar una profesión, y encontré una vocación.
Porque me propuse perder 10 kgs. y perdí 11.
Porque me propuse ser el mejor del partido, y marqué 5 goles.
Porque me propuse inspirar a mis seres queridos, y seguiré haciéndolo hasta que me muera.


Porque soy el puto amo.






viernes, 14 de septiembre de 2018

La paciencia sin pasión es un sufrimiento


En un intervalo de dos semanas he podido ver dos vertientes muy distintas de los resultados de practicar o no la paciencia. Esto me ha hecho darme cuenta de que la paciencia no sirve de nada si no la estás practicando en un ámbito que te apasiona. A continuación me explico.

Por una parte, hace un fin de semana estuve en mi pueblo, que está en plena montaña, y pude desconectar del estrés urbano gracias a la paz que me otorga la naturaleza. Allí voy desde que era un bebé, y ahora tengo casi 25 años.

Desde que tengo uso de razón mi familia y yo casi siempre que hemos subido al pueblo hemos ido a hacer rutas 4x4 por una Reserva natural conocida como Boumort. He calculado que habré ido unas 30 veces.

El Boumort es un lugar precioso para los amantes de la naturaleza, porque está lleno de verdes bosques densos repletos de majestuosos árboles, altas montañas escarpadas de más de 2000 metros, flores, plantas, setas y arbustos de montaña; y lógicamente animales salvajes, sobre todo ciervos y buitres. 
Yo soy una persona muy observadora y me encanta fijarme en los pequeños detalles. En este caso, siempre que hemos estado allí me he fijado especialmente en todos los árboles deshojados cercanos al camino, los cuales destacan entre el resto de árboles, siempre con el fin de ver un pájaro grande posado en él para poderle sacar una foto preciosa. Pues bien, en las 30 veces que he estado buscando esa foto, nunca había conseguido hacerla, hasta el fin de semana pasado. (Hay que tener en cuenta que el recorrido total en coche es de unas 3-4h aproximadamente y no paras de ver árboles, por tanto el ejercicio de paciencia es notable). 

Para suerte la nuestra y sobre todo la mía, un buitre gigante estaba descansando tranquilamente, completamente quieto, a apenas 20 metros de nuestro coche. Después de 25 años de espera, saqué mi móvil y le saqué unas 50 fotos. ¡¡¡Una de ellas fue en el mismo instante que abrió sus imponentes alas y saltó del árbol para alzar su vuelo!!!. Fue mágico. La espera valió sin duda la pena, porque durante ese día fui el hombre más feliz del mundo.

Esta es la cara bonita de la paciencia. Ahora viene la mala.


Llevo 5 meses trabajando en algo muy parecido a telemarketing y estoy cansado de dar el 100% y demostrarle al jefe todo lo que puedo aportar sin recibir recompensa alguna de su parte. 

La cuestión es que nada más empezar me di cuenta de que era muy bueno en este trabajo y mi jefe también se dio cuenta enseguida. De hecho, conseguí aumentar las horas de trabajo semanales, hacerme fijo y tener comisiones. Pero yo soy una persona muy exigente y me gusta que mi exigencia se vea recompensada. Y no sólo me refiero al dinero, sino también al hecho de que ha llegado un punto en el que necesito tareas de más responsabilidad. Para ello, me propuse ser paciente y ser el mejor. Pero me he dado cuenta de que el cambio lo necesito cuanto antes, porque sinceramente, hacer llamadas no me apasiona, sino que más bien es algo que me está quemando poco a poco.

Por tanto, mi paciencia se ha visto mermada en apenas unos meses por el hecho de que este trabajo no me apasiona, a diferencia de ir a la montaña.


Conclusión: 

<<Haz lo que te apasione y espera el tiempo que haga falta para conseguir tus sueños. 
Vale mucho la pena. Pero si haces algo por obligación y además te aburre, intenta que te sea lo más leve posible, porque cuanto más tardes en paliar el dolor más sufrirás.>> 












miércoles, 1 de agosto de 2018

Cuando hablen los sabios, escucha atentamente


En este post compartiré con vosotros mi reflexión acerca dos frases muy importantes para mi, las cuales sin duda me han marcado mucho para el resto de mi vida. Estas fueron pronunciadas por mis dos abuelos, que en paz descansen, y sin ninguna duda las incluyo de una forma muy especial dentro de todas aquellas experiencias de vida que me han hecho ver la vida con otros ojos.

Por un lado, mi abuelo por parte de madre, Miguel, era una persona muy noble, carismática, con mucho sentido del humor, y de carácter juvenil y risueño; podías tirarte horas y horas charlando con él, así como disfrutando de sus anécdotas y chistes. Pese a haber enfermado gravemente desde muy temprana nunca perdió su compostura y jamás dudo en inculcarme sus valores a mi como al resto de sus nietos.

Pues bien, cuando yo actuaba de forma rebelde e irrespetuosa, él siempre me repetía una y otra vez las siguientes palabras:

<<Muchacho, háblale bien a tu abuela, hazme el favor...>> o <<Muchacho, no trates así a tus padres...>>

En esa época, hace ya más de 8 años, yo no le hacía mucho caso; era un poco cabroncete y no sabía valorar lo que tenía, como la inmensa mayoría de los adolescentes. Pero con el paso del tiempo he ido madurando, lo cual hoy me permite poder interpretar aquellas palabras que tantas veces me repitió mi abuelo.

Lo que mi abuelo intentó hacerme ver siempre que me repetía esas palabras era que lo mínimo que un ser humano debe hacer en esta vida, independientemente de la situación en la que se encuentre, es respetar a los demás y ser amable en todo momento, especialmente con aquellos que darían la vida por ti: tus padres, tus hermanos, tus abuelos y tus mejores amigos.

No hay nada más gratificante que hacer sentir orgullosos de tus actos a quienes te han visto crecer, así como no hay nada más lamentable que hacerles llorar.


Por otra parte, mi abuelo por parte de padre, Manolo, era una persona especial, fuerte y determinada; un hombre muy sencillo sin miedos y hecho a si mismo. Pese a haber sido una persona de trato un poco especial, ya que en ocasiones mostraba un temperamento difícil de lidiar, cuando tenía que ejercer de abuelo con sus nietos, ejercía de la mejor manera posible.

Mi abuelo hasta casi los 90 años conducía, cortaba leña, labraba su huerto y andaba largas horas por la montaña él solo. Pero de la noche a la mañana todo cambió a raíz de una grave caída, la cual le impidió volver a ser el hombre independiente que siempre había sido y le dejó encerrado en el hospital, donde falleció.

Meses antes de fallecer, antes de que la fatídica caída ocurriera, estábamos mi abuelo y yo sentados debajo de la casa del pueblo tomando la fresca, disfrutando del silencio y de la paz que sólo la naturaleza te brinda. De repente, en un momento de lucidez, siendo consciente de su edad y de su notable deterioro físico y mental (comenzaba a sufrir demencia), mi abuelo se giró ligeramente, se me quedó mirando y me dirigió las siguientes palabras:

<<Todo se acaba en esta vida... Todo se acaba.>>


Creo que no hace falta añadir mucho más.